Por Jaime Vargas S. – Fundador Circulo Senior
A mediados de 2025, con casi 69 años, comencé un nuevo emprendimiento: Círculo Senior. Mi socio y cofundador tenía 74. Ambos sabíamos que levantar un proyecto exige trabajo, recursos y perseverancia. También estábamos convencidos de que nuestra experiencia podía ser el punto de partida para construir algo valioso.
Comencé a emprender a los 31 años. Décadas después, seguía teniendo motivación para crear, aprender y aportar. Esa experiencia me lleva a una pregunta: ¿cuántas buenas ideas dejamos de desarrollar porque creemos que ya pasó nuestra oportunidad?
En Chile necesitamos ampliar la conversación sobre la vida después de los 60. Vivir más años plantea desafíos previsionales y de salud, pero también abre espacio para nuevos proyectos. Cumplir una determinada edad o comenzar a recibir una pensión no significa perder la capacidad de trabajar, innovar o generar empleo.
Sin embargo, para quien pierde su trabajo después de los 55 años, volver a encontrar una oportunidad laboral puede convertirse en un camino difícil. Aún quedan años de vida activa, compromisos económicos y capacidades que aportar. En ese escenario, emprender merece ser considerado como una alternativa, idealmente con tiempo para prepararse y evaluar sus posibilidades.
Las personas mayores pueden contar con activos valiosos para iniciar un negocio: conocimiento de una industria, relaciones de confianza, experiencia resolviendo problemas y una comprensión de las necesidades de sus clientes. También pueden reconocer oportunidades que otros pasan por alto, precisamente porque las han vivido.
Pero conviene decirlo con claridad: emprender no es para todos ni garantiza bienestar económico. Exige motivación, aprendizaje, disciplina y disposición a asumir riesgos. Tampoco todas las personas cuentan con recursos o condiciones personales para hacerlo. Nadie debería sentirse obligado a emprender para demostrar que sigue vigente.
Por eso, la invitación debe ir acompañada de realismo. Un buen comienzo es identificar una necesidad concreta, conversar con posibles clientes y probar la idea antes de comprometer una inversión importante. Aprovechar lo que uno conoce y asociarse con personas que aporten otras capacidades puede ayudar a construir un proyecto más sólido. Los equipos de distintas generaciones tienen mucho que ofrecerse mutuamente.
También necesitamos un entorno que reconozca este potencial: capacitación pertinente, acompañamiento y alternativas de financiamiento que evalúen los proyectos, sin reducir a sus fundadores a la edad que aparece en su cédula.
En mi experiencia, emprender ha sido sacrificado y gratificante. Crear empleos, resolver necesidades y ver cómo una idea comienza a generar valor entrega una satisfacción que sigue teniendo sentido a esta altura de la vida.
Jubilarse y emprender pueden formar parte de una misma etapa. Cada persona debe poder elegir cómo vivirla, según sus intereses y circunstancias. Para quienes conservan una inquietud y quieren transformarla en proyecto, vale la pena explorar el camino.
La experiencia acumulada también puede convertirse en futuro. Después de los 60 todavía hay mucho por crear, aportar y desarrollar.



