
La reciente publicación de la Ley de Protección de Datos Personales en Chile marca un hito en la regulación del tratamiento de la información personal, y su impacto en las empresas es tan inevitable como transformador. Desde la perspectiva de la atención al cliente, esta normativa no solo plantea desafíos, sino que abre oportunidades para fortalecer la confianza y la relación con los consumidores.
La ley establece estándares internacionales de privacidad, similares al GDPR europeo, y obliga a las empresas a replantear cómo recopilan, almacenan y procesan los datos. Más allá del cumplimiento normativo, la adaptación a esta legislación puede ser un diferenciador competitivo. En un mercado donde la confianza es el activo más valioso, garantizar la protección de datos personales no es un gasto, sino una inversión estratégica.
En la experiencia del cliente, los datos personales son clave para personalizar servicios, anticipar necesidades y construir relaciones sólidas. Sin embargo, el uso de esta información debe estar acompañado de un compromiso ético y legal. La nueva ley exige que cada empresa revise sus políticas internas, limite el uso de los datos a los fines explícitamente acordados y adopte la base de legalidad adecuada, como el consentimiento informado.
Es primordial que las tecnologías que las empresas implementen cuenten con los más altos estándares para garantizar la protección de datos para entregar experiencias personalizadas, pero cumpliendo con la regulación.
El incumplimiento, además de dañar la reputación, conlleva multas significativas de hasta 20.000 UTM. Pero más allá del temor a sanciones, las empresas deben considerar cómo la transparencia en el manejo de datos puede mejorar la percepción de los clientes, generando lealtad y posicionándose como líderes en un entorno digital cada vez más exigente.
Cumplir con la normativa requiere inversión en ciberseguridad, automatización y capacitación constante. Las empresas deben implementar sistemas robustos que protejan contra ciberataques que han aumentado un 30% en 2024. Estas medidas no solo mitigan riesgos, sino que también refuerzan la percepción de profesionalismo y compromiso con los clientes.
A la par, es crucial construir una cultura organizacional basada en la privacidad. Esto implica educar a los colaboradores en el manejo ético de los datos y fomentar procesos internos que prioricen la protección de la información desde el diseño.